Del filtro de elfo a la IA generativa hay menos años de distancia de lo que parece, pero un cambio enorme en cómo entendemos la comunicación digital. Los filtros de Snapchat y compañía marcaron una época en la que el protagonismo estaba en “jugar” con la propia imagen: orejas, ojos gigantes, efectos divertidos que invitaban a compartir y a perderle el miedo a la cámara. Eran herramientas pensadas para el momento, para el gesto rápido, y ayudaron a que millones de personas se acostumbraran a expresarse visualmente sin necesidad de grandes producciones, causando una grandísima innovación.
Hoy, la conversación se ha desplazado. La inteligencia artificial generativa permite crear no solo un filtro, sino piezas completas de contenido: textos, imágenes, vídeos o guiones a partir de una simple frase. Lo que antes dependía de plantillas cerradas, ahora se construye desde cero, ajustado a cada canal y audiencia. Para los departamentos de comunicación esto significa pasar de “decorar” mensajes a poder diseñar narrativas enteras con una velocidad y una capacidad de personalización impensables hace unos años.
En este nuevo contexto, los filtros han quedado relegados a un papel secundario: ya no son la innovación, sino un recurso más dentro de un ecosistema donde la IA puede generar campañas enteras, adaptaciones para distintas redes y versiones para múltiples públicos. El diferencial deja de estar en el efecto visual y se desplaza al relato: qué cuenta la marca, con qué propósito y cómo mantiene su voz propia en un entorno donde casi cualquier cosa se puede producir técnicamente.
Para los equipos de comunicación, el reto no es elegir entre nostalgia (elfo) o novedad (IA), sino usar la tecnología con criterio. Algunas claves prácticas son:
- Entender la IA como un aliado creativo, no como un sustituto: ayuda a explorar ideas, borradores y visuales que luego se afinan con mirada humana.
- Conectar cada pieza generada con la estrategia: no vale solo sorprender, tiene que encajar en el posicionamiento y en los mensajes clave de la marca.
- Cuidar la coherencia de tono: aunque cambie la herramienta, la personalidad de la organización debe seguir siendo reconocible en todos los canales.
- Ser transparentes: explicar cómo se usa la IA y dónde está el valor añadido del equipo ayuda a reforzar confianza y reputación.
Del elfo en la cara al contenido generado en segundos, el viaje ha sido rápido. A partir de ahora, la diferencia ya no estará en quién usa IA, sino en quién es capaz de convertirla en comunicación con sentido, ética y valor real para sus audiencias.