El COVID19 en los medios y las fake news

Hace unos días experimentamos el primer caso de contagio del coronavirus de Wuhan (COVID19) en España y, a raíz de ello, se ha producido una rápida proliferación de fake news en torno al virus. Aunque ya hemos tratado con anterioridad en nuestro blog la importancia del papel que desempeña la comunicación en situaciones de crisis, en este post abordaremos cómo están siendo manipuladas las informaciones sobre la crisis sanitaria del coronavirus.

La expansión del coronavirus ha provocado una gran alarma social y temor al contagio del virus. Ante esta circunstancia, la población demanda de los medios de comunicación contenidos actualizados e información inmediata. Sin embargo, no todas las noticias difundidas durante estos días en medios y, especialmente en redes sociales, son ciertas.

La gran mayoría de estas noticias falsas se han dado en el entorno online, no solo en España, sino en todo el mundo: desde recomendaciones de comer ajo para curar el coronavirus hasta informar de vacunas inexistentes. Todas estas falsedades contribuyen a incrementar la alarma social, la propagación de rumores y la desinformación en el ámbito sanitario, donde la difusión de noticias falsas es muy peligrosa debido a su rápida amplificación.

Tanto es así, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha visto en la tesitura de tener que publicar informes que contrarresten la desinformación que han producido las fake news, bulos y rumores. Prácticas como el sensacionalismo, el clickbaiting, o la simplificación excesiva de la información hacen un flaco favor en este escenario.

Como ya es bien conocido, las fake news o noticias falsas, son información poco fidedigna o inventada y, acompañada normalmente de contenido falso. El contenido persigue fines ideológicos o politizados y puede ser manipulado de forma hiperbólica, textual o gráfica, e incluir términos sensacionalistas. Además, las fake news se nutren de fuentes falsas, informes falseados o citas tergiversadas.

Otras tácticas que emplean los perpetradores de fake news son:

• El aprovechamiento de contextos o conexiones falsas, tomando un hecho o dato real, pero contextualizado falsamente y no reflejando la realidad.
• El uso de titulares exagerados, que enmarcan declaraciones de fuentes irrelevantes en busca de un fin estratégico, normalmente la demonización de un adversario.
• Las noticias acompañadas de imágenes falsas, provenientes de otros sucesos o que han sido retocadas con Photoshop.

El modelo de consumo actual de medios de comunicación se caracteriza por la irrupción y popularización de los medios online y las redes sociales como fuentes informativas. Esto conlleva un cambio en el modelo informativo que responde a la popularidad de contenido, independientemente de su veracidad. La mayor demanda de contenido inmediato por parte de la audiencia, en ocasiones, conduce a los medios a incurrir en estas tácticas.

Las fake news no solamente suponen una violación de la ética periodística, sino que también producen un daño irreparable al derecho del consumidor a la información. Es más: presentan un riesgo aún más grave para la salud de las personas que, incorrectamente informadas, siguen estos consejos o no toman las precauciones adecuadas.

Sin embargo, no es la primera vez que se da una situación así con brotes epidemiológicos: ya se dieron casos similares con la enfermedad de las 'vacas locas', la gripe A en 2009, el brote de enfermedad del Ébola en 2014 o el virus del Zika en 2015.

Protocolos adecuados

El papel de los profesionales del periodismo y de la comunicación en situaciones tan serias como esta debe ser opuesto al sensacionalismo. En caso de no tener la información pertinente, es mejor actuar con cautela y prudencia. No hacerlo, no solo podría perjudicar a nuestra reputación, sino que también estaríamos dañando al bienestar público.

En situaciones de este tipo, la responsabilidad de periodistas y comunicadores es análoga y su actividad debe complementarse: ya sea desde el entorno institucional o del sector privado, o desde un medio de comunicación, la verdad y la prevención deben ser los objetivos fundamentales para no desatar el pánico social.

Las recomendaciones de la OMS en este sentido, obedecen a estos criterios y se pueden resumir en: crear relaciones de estrecha comunicación entre los organismos sanitarios y servicios públicos; planificar con antelación, gestionar adecuadamente la percepción de riesgo para no deteriorar la confianza del público, evitar los términos técnicos y difundir mensajes sencillos, coherentes y comprensibles.

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